Desgarrando el viento

•Junio 26, 2007 • Dejar un comentario

*Y se dio media vuelta, esperando una mano en el hombro que lo obligue a detenerse, pero sólo sintió el viento, que incluso llegaba vacío de susurros*

 

- Quizá si… no, me auto engaño – se dijo, mientras los trazados de colores que había creado para sí se desvanecían en el aire como lo hacían las vivas siluetas al entrar en escena la penumbra.

 

Eran casi las cuatro de la madrugada y sin más, sentado en una vieja silla, observaba su cigarrillo consumirse, alumbrado sólo por la tenue brasa rojiza de la lenta muerte, a sus oídos no llegaba más que el rumor de la vacía avenida que se confundía con el tiritar del silencio. Cuánto había deseado esa paz física en sus días de vida, sin embargo ahora, la macabra quietud no hacía otra cosa que realzar el estado que embargaba su alma, el de un muerto en un ataúd de cinco por tres, espacio suficiente para moverse mas no para soñar y, aunque la visión de la cama le regalaba el toque irónico al momento, invitando a aquella melancólica media sonrisa a aflorar a sus labios una vez más, la situación no se le hacía muy agradable.

 

Os contaría qué misterios envolvían aquella noche, pero ni yo mismo pude desenmarañar los gastados hilos que habían rodado por su mente y su corazón hasta convertirlo en una especie de harapiento ser, lo que sí puedo deciros es que el brillo en sus ojos, sin ningún otro signo compañero, se elevaba al infinito en un suspiro mientras al siguiente adquiría la opacidad de una pieza de carbón, claro indicador de una batalla interna, tan voraz que me hizo pensar que la vida misma, o quizá el universo entero era el motivo de la disputa, aunque la palidez de su rostro y la falta de expresividad que había adquirido me invitó a creer que era el trozo de carbón lo que estaba en juego. En fin, no creáis en mis palabras más allá de las de un mero observador externo, un gastado clavo en la pared que otea curioso el panorama.

 

El reloj marcó las cuatro y las campanadas no se hicieron esperar, sólo cuatro, fría exactitud que sólo el indómito tiempo tenía el coraje de poseer.

 

- Maldito tiempo, tan frío e inexpugnable, es su transcurrir el causante de que mi sentimiento pueda ser medido, en días, horas, minutos, hasta los segundos parecen pulsarme recordando que soy – pensó mientras encendía otro cigarrillo – atrás quedaron los días en que osaba retarte, en que jugaba a combatirte convirtiéndote en eternidad, querido tiempo, ahora me posees y me desgastas a tu ritmo, ¿qué hice yo sino soñar?, pero es ése el castigo de quienes tratan de aterrizar en sus vidas la fantasía, ven como se estrella su ilusión y son condenados a observar el goteo del tiempo en la realidad, en aquella cansada realidad que quisieron transformar y que no pudieron.

 

Dicho esto y acompañándose de un golpe sobre el escritorio, se puso en pie, abrió impulsivamente la puerta de su habitación y se dirigió al balcón, miró raudo al cielo, desafiante y empezó a susurrar:

 

No soy más que un soñador

condenado a estar despierto

un individuo con garganta de fuego

condenado al silencio

soy sólo yo

y mi condena es no encontrarme

 

¿Cómo culminarán mi días?

pues ha sembrado el tiempo veneno en mi alma

y ya discurre por mis venas,

su veneno, su tortura atronadora,

me queda medio corazón

y el desgaste es excesivo

 

Su voz no se elevaba más que su corazón pero casi podía sentirse al viento desgarrarse ante él.

I Un nuevo día

•Mayo 28, 2007 • Dejar un comentario

Se despertó aquella mañana como si de un sueño casi infinito se hubiese tratado, en su cabeza revoloteaban extraños y ambiguos pensamientos, tal vez recuerdos de una vida tan lejana como la que tuvo instantes antes de dormir, miedos y condiciones adoptadas sin haberse aclarado primero algún sentido que pueda mantenerlas en pie.

La luz que se filtraba entre las cortinas marcaban una curiosa línea en el suelo de su habitación, una frontera imaginaria entre el sueño y el despertar, ficción y realidad separados por un muro de partículas de polvo, danzando, pero a su vez desarrollando una quietud tan macabra que a cualquiera le haría pensar que es la muerte la que espera de pie al otro lado lista para aparecer, en un estado aún de ensoñación y con la mirada aún fija en la ilusión, estiró la mano, como era de esperarse no sintió ninguna clase de dolor ni mucho menos fue la muerte la que tomó su mano, sino que como si de algún influjo magnético se tratase, las partículas de polvo le abrieron camino, la belleza de la escena, de haberse podido fotografiar, habría cargado en su conciencia con un Pulitzer sin lugar a reclamos.

El ambiente que se respiraba en la habitación nada tenía de novedoso, la misma paz rota por los mismos actos de las mismas personas, las mismas ideas, las mismas sensaciones de nervios y confusión, mirando al techo y con la mano aún estirada se preguntaba qué sería, qué fue, qué será, por qué no y por qué sí, qué hacer… y los muros guardaban silencio; su corazón y las manecillas del reloj eran la única fuente de sonido allí dentro, pues su respiración era tan lenta que pasaba desapercibida.

Los minutos pasaban y su mirada se desplazaba por su entorno, todo estaba en su lugar, definitivamente no era una eternidad la que había transcurrido mientras dormía, sin embargo había sido mucho lo que había sentido, en su mente el tiempo transcurría a otro ritmo, una gran tormenta o un año de calma en un segundo y dos, los libros se acurrucaban unos a otros en sus estanterías, perturbados tal vez por la súbita paz que causó el despertar y que se iba incrementando conforme las pesadillas iban perdiendo claridad en detalles y se difuminaban en la memoria, al lado de ellos, viejos y nuevos recuerdos saludaban, incluso uno que otro invitaba a volar nuevamente en sueño, al otro lado de la pared de luz, mientras que de la misma dirección casi podía percibir aún aquella voz que susurraba su nombre, una y otra vez, entre los ecos de las pisadas de aquel ejército que marchaba sin cesar, arrastrando sus sueños, bordando sonrisas, perdiéndose entre la multitud que llenaba las calles, una y otra vez.

Su día había empezado, al igual que su rutina en el desierto, observó la puerta de su habitación, y se aferró nuevamente a sus sábanas, ponerse de pie significaría tener que vivir un día más sin saber que hacer, sin saber bien a dónde atar la paz.

Nauseas

•Abril 18, 2007 • 2 comentarios

Hoy empecé el día con un humor descente, algo de ilusión por la salida de una nueva distribución de linux, algo por fin para distraerme, y cómo he terminado? pues con nauseas, nauseas de la vida, me siento realmente mal, me estoy viniendo a bajo y lo peor de todo es que no veo la hora de dar ya contra el suelo, siento que puedo caer y caer por toda la eternidad, el incómodo sentimiento en el pecho y el estómago ha tomado dimensiones muchísimo mayores, quiero desahogarme y no puedo, lo único que encuentro satisfactorio es la pared en mis nudillos, quiero gritar pero no puedo, pensarán que estoy loco, o mejor dicho, se darán cuenta de ello, quisiera hablar con alguien, pero las pocas personas que tengo al alcance no se han ganado mi confianza, sé que no es un buen momento para ser selectivo pero es que hablar con ellos simplemente incrementaría mi incomodidad, mi teclado está por romperse debido a la fuerza que le aplico a las teclas, quiero llorar, llorar horas de horas, quiero un hombro donde poder hacerlo, uno que simplemente no se mueva, hasta que pueda transforma en lágrimas hasta la última de mis penas, pero sólo me queda mi almohada, sucia y fría, presta a recoger mi llanto, un llanto desesperado de un alma apuñalada.

Sueño con serpientes

•Abril 18, 2007 • 1 comentario

Sueño con serpientes, con serpientes de mar,
con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo.
Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan
lo que puedan arrebatarle al amor.

Oh, la mato y aparece una mayor.
Oh, con mucho más infierno en digestión.

No quepo en su boca, me trata de tragar
pero se atora con un trébol de mi sien.
Creo que está loca; le doy de masticar
una paloma y la enveneno de mi bien.

Ésta al fin me engulle, y mientras por su esófago
paseo, voy pensando en qué vendrá.
Pero se destruye cuando llego a su estómago
y planteo con un verso una verdad.

Silvio Rodríguez (1975)

Sobre la validez del odio como rutina

•Abril 18, 2007 • 2 comentarios

El odio según dicen -y con mucha razón- no es el sentimiento antagónico del amor, sino un sentimiento casi hermano dejando a la indiferencia como el verdadero puñal que le da la espalda a ambos sentimientos. Entonces, por qué odiar a alguien cuando lo que en verdad deseamos es una silenciosa desaparición de su ser, y no me refiero a la muerte, sino simplemente una salida de escena, que pase desapercibida y que nos permita olvidarnos de su existencia; la respuesta es tan simple como ver su dedo escarbando o quizá hasta excavando con picos y palas alguna herida, es muy difícil ignorar a quien (disculpando la expresión) te toca los huevos todos los putos días con acciones o tan sólo con su simple existencia, entonces lo que pasamos a hacer es lo siguiente, abrazamos la indiferencia, nos cubrimos con ella, le demostramos a esa persona lo poco que nos importa o incluso, si es posible, simplemente no le demostramos nada, mientras que por dentro nos carcomeremos las entrañas de furia y odio hasta que de una puta vez desaparezca del mapa y la verdad es que poco a poco se logra sentir indiferencia hacia esa persona, hasta que, como no podía ser de otra manera, empieza nuevamente a jorobarnos la vida…

Sí, a ti que dificilmente leas esto, te odio, puedes sentirte importante, eres la única persona que tiene la oportunidad de hacer bullir aquel oscuro sentimiento en este humilde servidor, y una última cosa, debes agradecer que aborrezca la venganza.

Insomnio

•Abril 17, 2007 • 1 comentario

Son pasadas las 5am, estoy temblando en mi habitación, no es frío, y tampoco creo que tenga fiebre, es simplemente que hoy me siento mal, muy mal, y la verdad es que no encuentro la razón, he pasado por peores cosas y las he superado pero esta vez me siento sin fuerzas, veo un declive en mi vida justo en frente de mis ojos, un barranco por donde se volcarán todos mis sueños, sé que quizá en un tiempo me sienta mejor, pero eso no me quita el derecho de sentirme mal.

Creo que es consecuencia de soñar, el problema llega cuando uno empieza a vivir soñando, y cuando por cosas que pasan despierta de algún sueño que creía real empieza a caer, más que abrir los ojos a la realidad es abrirse el pecho a la realidad y duele. Algunos se quejan de que no tienen sueños, yo me quejo de soñar demasiado, vivo y actúo en dos mundos, uno real y otro imaginario, en uno simplemente no soy nadie y en el otro todo lo contrario, soy lo que mi mente quiere creer que soy o puedo llegar a ser, pero lamentablemente ese mundo no existe, mientras escribo esto mis temblores aumentan aún más, siguen pasando frente a mí imágenes de mi mundo imaginario, momentos felices, momentos de risas, mientras mis manos adoloridas plasman la realidad aquí mismo, cruenta realidad como toda verdad.

Planto

•Marzo 25, 2007 • Dejar un comentario

Fue una tarde, una tarde, sí, lo recuerdo, como si hubiese sido mañana, hacía mucho calor, y por eso fue necesario abrigarnos mucho, llovían canciones tristes, fue un bello detalle, la tierra acompañaba con su ritmo a los corazones que se plantaban ante mí, la tristeza ardía en aquella época, como si el oxígeno hubiese tomado forma de sentimiento, colocándose ese disfraz para no ser culpado de dador de vida y las sombras de los árboles sólo alcanzaban sus propias ramas, pintando el bosque en desierto.

Fue una tarde, una tarde, sí, lo recuerdo, como si hubiese sido esta misma noche, tenía mucho frío y sudaba, nervioso contemplando la historia, un gran escenario gris, quería gritar, pero la salas de hospital son territorio del silencio, guardián de sus alas, efemérides del corazón, sonrisa del alba, se acomodan bajo el techo -alto- que nos refugia de la tormenta, sin embargo la calma no alcanza todas las habitaciones, narra un bichito, uno, dos, tres, alza el vuelo.

Fue una tarde, una tarde, aunque no esté tan seguro, perdí la noción del tiempo, andaba preocupado en otros asuntos, quería ser Atlas y me convertía en Ícaro, el cazador de almas frágiles casi me alcanzaba con su mira, pero no podía, no podía caer, mi cuerpo lucía exánime, salvo mi brazo, que aún se mantiene fuerte, más fuerte que nunca, estirado, sosteniendo mis sueños, los músculos tensos, el puño cerrado -tembloroso- no dejaré que caigan, los elevaré al infinito, regalo toda mi fuerza en eso, quizá, cuando inerte mire al cielo, algún sueño mágico que haya podido ser salvado cierre mis ojos y plante su mano en mi corazón.

Historia, narración, quizá sueño o invento de un ser (humano o persona)

•Marzo 25, 2007 • 1 comentario

Cuenta la leyenda, o quizá fuese simplemente un invento, que hace muchísimo tiempo, aunque nadie dijo nunca cuanto, es más algunos preferían mencionar que era algo por ocurrir, mientras otros afirmaban que sucedía en este mismo instante, que en algún lugar del universo, o de la tierra o de la ciudad, quizá aquí mismo donde nos sentamos, existía una especie de universo llamado realidad, en que unos extraños seres (humanos) poseían la capacidad de volar, no tenían alas, o quizá sí, aunque nadie las podía ver, pero flotaban a su antojo por los parajes que los rodeaban, más alto o más bajo, más lejos o a ningún lugar, pero todos podían hacerlo, y lo hacían.
Un día o dos o tres o desde siempre ocurría algo malo, muy malo, tan malo como el centro de la tierra una tarde de lágrimas, era un fenómeno doloroso, muy temido aunque inevitable… estos seres (personas) perdían parte de la magia que poseían y dejaban de volar, simplemente, aunque de forma muy compleja, empezaban a caer, eternamente caían y caían, precipitándose a la nada.
Andaba volando una tarde, aunque al ver el sol ocultándose se podría decir que llegaba la noche y viendolo aparecer por el horizonte quizá lo llamaran mañana, un extraño ser (como todos, gente), yo, o tú, derepente aquel, cuando el fallo de la evolución relució en sus pupilas, y empezó a precipitarse, trató de luchar contra la caida, trató de volar, gritó, fuerte, muy fuerte, casí tan alto como el silencio, tan callado como las inertes estrellas, pero no pudo, simplemente calló y se dejó vencer, se dejo caer, cruzó los brazos abrazándose a si mismo y se entregó a la nada. No había pasado un segundo cuando un ejército de rostros conocidos apareció sobre él, volando en su dirección, con los brazos extendidos, gritando su nombre, pero el extraño ser, yo, o tú, o derepente aquel, no atinaba a reaccionar observaba las faces, analizaba sus expresiones, trataba de comprender y no podía, tan sólo se dejó llevar por algún extraño impulso y estiró los brazos, como por arte de mágia, mejor dicho, como por arte de aquel ejército, empezó a flotar, nuevamente, es más, a flotar más arriba que nunca, rodeado de todos aquellos seres (humanos, personas), olvidó el fallo y pudo flotar a su antojo, danzando al aire, sonriendo.
Pasaron así unos días, horas, segundos o años, y ocurrió otra vez, el fallo del corazón, de la mágia, de los seres o de la niebla, pero esta vez no fue él mismo, sino los miembros de ejército los que dejaron de volar, empezaron a precipitarse, uno a uno, el resto del ejército seguía mirandolo, asegurándose de que aún volaba sin ver como caían algunos, entonces se decidió a actuar, voló en dirección al infinito, a la nada o al todo pues ahora aquella era la dirección de quienes quería, abajo, precipitándose al vacío, voló lo más rápido que pudo, estirando sus brazos, pero los que caían no hicieron lo mismo, sólo le miraban dejándose caer, abrazándose ellos mismos, el extraño ser seguía volando, tratando de alcanzarlos, pero lo unico que rozó fueron restos de lágrimas ajenas con su mente, que flotaban en el camino a la nada.

Un poema entre las nubes

•Febrero 16, 2007 • 3 comentarios

Las palabras que regalaste
flotan en mi memoria recriminándome
las estúpidas barreras
que he puesto en mi vida

en el medio de las nubes
se desata un recital
gritándonos que estamos ciegos

un poema, un verso
una despedida en silencio
una verdad oculta
una lágrima
un jueves y una comedia

con dolor nos dejas
incluso a quienes tan solo rozaste
juro que tomaré tu lección
cargaré con tu manual de vida
y seré otro hito tuyo más en la tierra

y desde el firmamento
acompañarás poetas por los campos
responderás soplando a la tristeza
nos calentarás con el fuego de tus palabras

el agua de una fuente, una llave
el cascarón que se rompe
un cactus olvidado
la verdad en los labios del mudo
las cadenas rodeando al solitario
la magia olvidada por condenas
la inspiración encontrada en una puerta
la tensión,
la fé,
la muerte,
la llamada
equivocada.

En memoria de Aleli

Venciendo al primer fantasma

•Enero 12, 2007 • Dejar un comentario

¿Cómo puedo decir que estoy solo

cuando tengo a una bruja cuidándome

y a una legión de amigos por el mundo

prestos a defender, sin pensar, mi nombre?

 

 

Y es todo lo que tengo y tendré

pues un castillo de roca no vale nada

tan solo de arena, grandes y pequeños

que defenderé con mi alma entera

 

 

La senda es oscura, dadme luz

con una gran sonrisa, os lo pido

y así, con el camino iluminado al fin

podré ser el que por vosotros siempre fui.