Planto
Fue una tarde, una tarde, sí, lo recuerdo, como si hubiese sido mañana, hacía mucho calor, y por eso fue necesario abrigarnos mucho, llovían canciones tristes, fue un bello detalle, la tierra acompañaba con su ritmo a los corazones que se plantaban ante mí, la tristeza ardía en aquella época, como si el oxígeno hubiese tomado forma de sentimiento, colocándose ese disfraz para no ser culpado de dador de vida y las sombras de los árboles sólo alcanzaban sus propias ramas, pintando el bosque en desierto.
Fue una tarde, una tarde, sí, lo recuerdo, como si hubiese sido esta misma noche, tenía mucho frío y sudaba, nervioso contemplando la historia, un gran escenario gris, quería gritar, pero la salas de hospital son territorio del silencio, guardián de sus alas, efemérides del corazón, sonrisa del alba, se acomodan bajo el techo -alto- que nos refugia de la tormenta, sin embargo la calma no alcanza todas las habitaciones, narra un bichito, uno, dos, tres, alza el vuelo.
Fue una tarde, una tarde, aunque no esté tan seguro, perdí la noción del tiempo, andaba preocupado en otros asuntos, quería ser Atlas y me convertía en Ícaro, el cazador de almas frágiles casi me alcanzaba con su mira, pero no podía, no podía caer, mi cuerpo lucía exánime, salvo mi brazo, que aún se mantiene fuerte, más fuerte que nunca, estirado, sosteniendo mis sueños, los músculos tensos, el puño cerrado -tembloroso- no dejaré que caigan, los elevaré al infinito, regalo toda mi fuerza en eso, quizá, cuando inerte mire al cielo, algún sueño mágico que haya podido ser salvado cierre mis ojos y plante su mano en mi corazón.

Escribe un comentario