Bueno, he pasado ya un par de días (creo que un poco más) enfrentándome a mi mismo, el inicio fue muy duro, pero creo que estoy logrando controlar la situación, hace mucho que debí haberlo hecho pero fui un poco cobarde y huí de mi mismo.
Está claro que en dos días no volveré a ser el de siempre, sobre todo si el primer día me la he pasado en el fondo de mis abismos, pero al fin he logrado comprenderme y ver el camino de salida, y os juro que lograré salir.
He estado creándome fantasmas y el primer paso ha sido aceptar que son ficticios y que así como yo los creé tengo la obligación de desaparecerlos de una vez.
Pondré un par de ejemplos para explicarme mejor y fijar los conocimientos adquiridos en estos días:
Fantasma #1: Soledad
Creo que este es el fantasma más terco de todos, basta media hora de no ver a nadie a mi alrededor para que aparezca. Y no sé como lo dejo aparecer, la verdad, porque si hay algo que tengo claro en esta vida es que solo no estoy, así que uno menos.
Fantasma #2: El futuro incierto
Bueno, este ha sido un fantasma algo más complicadillo de entender y derrotar (de hecho sigo en ello), aparece cuando miro un poco mi vida y pienso en las metas trazadas y en como poder alcanzarlas, pero vamos, es cuestión de decisión para alcanzar los objetivos, además el futuro se empieza a construir por el presente, y si ahora me la paso derrotado nada bueno me espera, así que pa’lante.
Pues en eso estoy, aprendiendo a volver, a vencer a estos fantasmas de una vez, me remitiré a una promesa, una promesa que alguien lanzó alguna vez (incluso yo lo hice antes), pero esta vez tiene más significado, os prometo que “Aunque el infierno me haga suyo, yo volveré”.

